Diocesis de Coatzacoalcos, Veracruz, Mexico
Provincia Eclesiástica de Xalapa
Mensaje de los Obispos de Veracruz
Provincia Eclesiástica de Xalapa
CELEBRAR LA ALEGRÍA DEL SEÑOR: ES NUESTRA FORTALEZA
(Nehemías 8,10)
A TODO EL PUEBLO DE DIOS Y A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD.
1. Hermanos: se acercan las fiestas navideñas. El tiempo del Adviento nos viene invitando a abrir nuestros corazones a la única esperanza que no defrauda, la Palabra del Señor que se cumplirá sin falta. Por otra parte las fiestas marianas tan queridas de nuestro pueblo nos van introduciendo en el modo muy festivo y mexicano de vivir la presencia consoladora de Santa María de Guadalupe, su cercanía siempre a la mano, como Maestra y Madre de la Esperanza: ella nos vino a mostrar la inmensa misericordia de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el “verdadero Dios por quien se vive”.
2. Al dirigirnos a ustedes, como sus pastores y hermanos en la fe, los obispos de Veracruz no podemos ignorar que el contexto histórico que vivimos en nuestra patria se debate entre luces y sombras, angustias y esperanzas, tristezas y alegrías.
3. De modo particular en nuestras comunidades veracruzanas, compartimos con ustedes el desconcierto, la tristeza y el temor por situaciones de violencia y muerte que han salido a la luz; amenazas de grupos criminales que atentan sin escrúpulos contra la vida y la salud de las familias, así como el ambiente de tranquilidad que requiere la convivencia natural de nuestros pueblos. De una u otra manera este cáncer se ha infiltrado en diversos estratos de la sociedad y en algunos elementos encargados de la seguridad. Personas cegadas por el afán del lucro y el poder, se aprovechan de familias en situación de desintegración o pobreza, o de las generaciones juveniles más vulnerables, desprovistas de estudio o de empleo, y sometida al sobreestímulo de una cultura consumista que constantemente propone lo placentero y fácil, y bloquea la razón y la capacidad crítica, tachando de obsoleto o anticuado el hablar de valores fundamentales, la formación de la recta conciencia o la práctica de las virtudes.
4. Ciertamente ayudará en mucho que nuestras autoridades, en el marco de la ley y el respeto a los derechos humanos, se coordinen mejor, capturen y lleven ante la justicia a los delincuentes, impidiéndoles que puedan seguir haciendo más daño. Sin embargo, esta labor de las fuerzas de la seguridad no resolverá por sí misma las situaciones que la han propiciado, si al mismo tiempo, no contribuimos todos a la reconstrucción del tejido social, impulsando la solidaridad, la confianza, la educación de calidad, las condiciones de justicia, libertad y trabajo digno.
5. El miedo y la incertidumbre que vienen asociados a esta compleja situación lleva a muchos hermanos a limitar su vida social y refugiarse en el ámbito de la propia familia, desconfiando de las demás personas e instituciones y desalentando una participación activa ciudadana en los diversos campos del bien común, el trabajo, la escuela, la universidad, la vida política y la cultura.
6. Sin embargo, nuestras comunidades encuentran una rica reserva de valores y tradiciones que nos hacen fuertes, particularmente en la escuela, en la Iglesia y muy especialmente en la familia mexicana.
7. En este cambio de época que estamos viviendo, tenemos el reto de ser auténticos portadores de los valores del Reino, tenemos el desafío de ser enlaces entre las generaciones del ayer, de hoy y del mañana: ayudándoles a redescubrir el caudal de belleza, de verdad y justicia que son los pilares de una civilización digna del ser humano, donde se respeta la vida, la salud y los derechos fundamentales de todos y cada uno.
8. El tiempo del Adviento nos llama a reanimar en nosotros los cristianos todos los impulsos hacia el bien. El Adviento nos está conduciendo a una renovación de lo que realmente debemos ser como cristianos, reconstruir en nuestra propia vida y en el núcleo de nuestra familia, todos los valores del Reino traído por Jesucristo el Rey y príncipe de la Paz. En él se cumplen plenamente las palabras de los profetas que lo anunciaron como el “ungido por el Espíritu del Señor” con la misión de llevar la buena noticia a los pobres, vendar los corazones heridos, proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, ..., proclamar un año de gracia del Señor; para consolar a todos los que están de duelo, cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría y su abatimiento por un canto de alabanza. (cf. Isaías 61, 1ss).
9. El nos ha venido a demostrar el maravilloso plan de su Padre Dios, que aceptamos por la fe, y lo hacemos realidad por la caridad hacia los hermanos. Durante este tiempo del Adviento y la Navidad, asumamos el compromiso que los obispos de México nos han venido invitando a hacer nuestro: ante un mundo de violencia, desconfianza e incertidumbre, más que nunca debemos convertirnos en lo que Jesús pedía de nosotros, ser “constructores de la paz”, “luz del mundo”, “sal de la tierra”, ser levadura buena que transforma una gran masa.
10. Ante tantos hechos que obstaculizan la confianza y la paz en nuestras comunidades, “construyamos la paz”. Comprometámonos a fomentar pensamientos y sentimientos de paz, impulsemos gestos de paz, promovamos un lenguaje que a todos nos motive hacia esa paz que anhelamos. Que a pesar de las preferencias políticas o partidistas, y por encima de los diversos intereses particulares y diferentes modos de pensar, prevalezca el respeto hacia todas las personas y la búsqueda del bien común en nuestras acciones.
11. Las mismas fiestas navideñas con su fuerte carga de fraternidad, armonía, y sus bellas expresiones tan propias de este tiempo, nos fortalezcan para toda obra buena. Seamos discípulos y testigos alegres del encuentro con el Señor Jesús, un encuentro que nos ha cambiado y sigue cambiando a cuantos le abren su corazón. Hagamos nuestra la invitación del apóstol San pablo: “Estén siempre alegres. Sean constantes en la oración. Den gracias en toda ocasión... Guárdense de toda forma de maldad y que el mismo Dios de la paz les consagre totalmente: y que todo su espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”. (cf. 1 Tes. 5, 16-24).
12. Hermanos: “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; ... La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros, es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.” (Documento de Aparecida 32).
13. Que esta Navidad reencontremos en nuestro corazón al pequeño Niño que cambió la historia, abracemos la Palabra de vida, al Emmanuel y Salvador del mundo; y que su celebración gozosa sea siempre nuestra fortaleza.
Tercer Domingo de Adviento 11 de Diciembre de 2011
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+ Hipólito Reyes Larios Arzobispo de Xalapa. + Lorenzo Cárdenas Aregullín Obispo de Papantla. + Luis Felipe Gallardo Martín del Campo. Obispo de Veracruz. + Marcelino Hernández Rodríguez Obispo de Orizaba. + Jorge Carlos Patrón Wong Obispo Coadjutor de Papantla. |
+ Rutilo Muñoz Zamora Obispo de Coatzacoalcos. + José Trinidad Zapata Ortiz Obispo de San Andrés Tuxtla. + Eduardo Porfirio Patiño Leal Obispo de Córdoba. + Juan Navarro Castellanos Obispo de Tuxpan. + Sergio Obeso Rivera Arzobispo Emérito de Xalapa. + José Guadalupe Padilla Lozano. Obispo Emérito de Veracruz. |





